Concretando el acercamiento con el sector académico.

La sola idea de que pueda existir una fórmula más o menos segura para obtener el éxito en una empresa, y ahorrarse los trámites del fracaso, me pone los nervios de punta.

Pero, seamos sinceros, ¿quién no sueña con aplastar el caos reinante y finalizar satisfecho, proclamando: «Así se hacen las cosas»?


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De la mano de la tecnología, se abren nuevas posibilidades para afrontar el reto de buscar la eficiencia operativa (búsqueda constante de mejoras dentro de una empresa para poder aumentar constantemente su competitividad). Si el entorno cambia a una velocidad determinada la empresa debe —o debería— hacerlo a la misma velocidad si no quiere perder competitividad.


—Pero, ¿cómo conseguirlo? ¿Quien nos enseña eso?

 

En este articulo escrito en diciembre de 2015, Raúl Gómez escribe sobre como el concepto de innovación tecnológica se usa cada vez más en el país. Gómez afirmaba: «Para el sector minero-energético la innovación se puede convertir en una fuente de generación de mayores oportunidades de desarrollo, eficiencia, productividad y mejora de la competitividad» (PDF vía Dropbox).

 Hay un texto que permite rescatar algunas conclusiones extremadamente interesantes: 


«No obstante, el sector académico requiere del “input” de información de nuestros sectores para trabajar proyectos específicos que terminarán beneficiando en la eficiencia y la productividad de las empresas. En ese sentido, concretar un acercamiento con el sector académico para la investigación científica, el desarrollo tecnológico y la innovación es un tema prioritario que facilitará los procesos de innovación en nuestro sector.»

 

Nos dice que hoy lo que tenemos que aprender es a reinventarnos continuamente, no solo con la investigación que un profesor nos traslada cuando invertimos en adquirir conocimiento, si no a pedido de quien demanda la innovación. De quien tiene el problema. 

Y, por mucho que nos duela a los que nos dedicamos a enseñar, la realidad se empeña en demostrar una y otra vez que es necesario que los profesores estemos en «la cancha» para conceptualizar nuevos modelos que se puedan replicar es más fácil enseñar los «viejos» modelos—.


¿Está preparado el sistema educativo actual para formar a las personas del futuro?

No concretar este acercamiento de otros sectores con el sector académico, donde se cuestionen los elementos fundamentales del negocio y sobre todo de la teoría—, supone vivir anclados, en muchos casos, en modelos de gestión que no han evolucionado sustancialmente en los últimos años y que se siguen enseñando en las universidades y en las escuelas de negocio.


Nuevos problemas requieren nuevas soluciones.

La tecnología genera cambios tan rápidos que la capacidad de investigación de un profesor resulta poco eficiente. Son las instituciones de otros sectores las que deben pedir investigar de acuerdo a sus necesidades.

Ya será responsabilidad de los profesores el trasladar el conocimiento a los alumnos a través de estrategias de enseñanza y aprendizaje. Pues serán ellos los que apliquen la teoría en busca de la eficiencia operativa en las empresas donde laboran. Así existe la probabilidad que en algún momento, algún innovador (intraemprendedor) rompa alguna de las reglas establecidas, haga las cosas de otra manera y genere una disrupción.


¿Hablamos de círculos virtuosos en medio de una económica de colaboración? (Personas de todo el mundo empezando a compartir sus conocimientos y a colaborar en red para crear proyectos conjuntos)

 

Gustavo Ortega.

 

FOTO: Glengarry, Glen Ross

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